«Los adultos por el mero hecho de serlo ya tenemos una autoridad innata y los niños son obedientes por naturaleza y están deseando obedecernos para tenernos contentos.» Carlos González

Nunca he dado una orden a mi hijo. O mejor dicho, nunca he utilizado un tono severo al darle una orden. Ni espero que se cuadre ante mí ni mucho menos que me obedezca. Cuando le digo que tiene que hacer algo uso un tono conciliador y creo que más efectivo que el de orden directa, y mucho muchísimo más efectivo que el grito que veo tan a menudo en otros padres.

Hace unas semanas, le di un vaso de agua al peque y se le derramó gran parte del agua al suelo. Con casos así y en la experiencia que tengo de ver a otros padres, podría haber dicho algo así como: ¡Ten cuidado! o ¡Ya lo has vuelto a hacer! o ¿Es que no sabes coger un vaso? o ¡Mira que eres torpe!. Estas son las mas suaves que he oido con casos similares. Hay algunas que ya rozan la locura como «¡No sabes compartir!» que aunque no parezca que viene al caso, os aseguro que la he oído en un caso similar y que comentaré en otra entrada.

Sin embargo, lo que hice fue simplemente hacer la observación de que se había caído el agua. De hecho me sentí más culpable yo porque había llenado mucho el vaso y se lo di con prisas. El caso es que en las dos primeras cosas que pensé es en que si pisaba el agua se podía resbalar y que había que limpiarla. Así que le dije señalando a una parte del suelo que estaba seca: Cornelius Junior, ponte ahí que papá va a limpiar el agua (por si no os habéis dado cuenta, es un nombre falso, jejejej). Ese «ponte ahí» se lo dije como si estuviera haciendo una foto y le dijera a alguien que no sale bien en la foto: Acércate a tu primo. En realidad «ponte ahí» es sin duda una orden, pero no está dictada como una orden sino más bien como un consejo. Él entendió lo que le quería trasmitir y se puso donde le había dicho sin decir nada y se quedó ahí observando como recogía el agua con la fregona. Yo no pensaba que le estuviera dando una orden, ni siquiera que me estuviera obedeciendo.

Mi mujer que había observado todo el proceso me dijo: Cómo te obedece. Entonces entendí todo el proceso que he contado. Es cierto, en ocasiones le doy órdenes de esta índole y él me hace caso. Y pensé en la frase de Carlos González que tengo al principio de esta entrada. Todo padre tiene autoridad pero algunos abusan de esa autoridad y esperan que el resultado es que su hijo se cuadre y diga: ¡A sus órdenes!

Síguenos en