Algunas rabietas se producen cuando el peque nos pide algo, un objeto o que hagamos algo o vayamos a algún sitio y sus padres deciden que no hay que darle lo que pide. Cuando lo que pide es algo peligroso como comentábamos en anteriores entradas sobre este tema,  sin duda hay que ser firme y no ceder. Pero si no lo es, debemos valorar si podría ser interesante ceder. Hay muchos padres que piensan que no deben ceder. Consideran que cuando ceden le están enseñando a que siempre pidan las cosas con rabietas.  Yo creo que esto es un poco ridículo, y cuando me lo dicen me imagino a un hombre de treinta años tirándose al suelo y pataleando porque su jefe no le deja salir diez minutos antes. No, claro, me refiero durante la infancia; podrían decir.  Vale, puede ser, pero nosotros (Sweet y yo) no lo creemos.

Al contrario, creemos que Junior cede más con nosotros que nosotros con él.

Los niños se pasan el día cediendo. Sin embargo los adultos creemos que no debemos ceder.

Ceder y no ceder ante las rabietas

Los niños se pasan el día cediendo. Reciben noes de alguno o todos los tipos comentados en las entradas anteriores. Usando la palabra “no” o no usándola. Son todo negativas que ellos aceptan. Ceden, ceden mucho todo el día.

Hay que valorar cuando se puede ceder, cuando se debe ceder y cuando no se ha de ceder

Ejemplo

Os preparáis para ir a la playa que a él le encanta pero en ese momento está jugando con su tambor. Nosotros le convencemos para irse “por su bien”, pero él quería jugar al tambor en casa y tiene que meterse en un coche e ir hasta la playa. Es muy probable que después se lo pase bien. Pero seguro que como esta situación se dan muchas al día. Quiere hacer una cosa y acaba haciendo otra porque le convencen.

Durante el día habrá recibido varios noes de ese tipo y habrá cedido. Cuando volvéis de la playa y después de aceptar esa ducha que no quería darse, vais a ponerle una camiseta y os dice que quiere otra. Se encuentra con otro no. Un no que se convierte en la gota que colma el vaso. Tenemos la opción de  ver que después de tanto ceder nuestro hijo, podemos ceder nosotros un poco o simplemente insistir en el no porque no queremos que la rabieta se convierta en un medio para obtener el sí.

Si optamos por lo primero, calmamos la rabieta y si lo pensamos bien, en realidad da igual que se ponga una camiseta u otra. Luego podemos explicarle lo que ha pasado e incluso pedirle perdón porque nos hemos equivocado. Que también considero que es bueno para él. Junior ha aprendido a pedirnos perdón porque nosotros le pedimos perdón cuando pasan cosas así. También podemos optar por seguir diciendo que no y conseguir que tenga una rabieta más grande. Está en nuestras manos.

¿Por qué no cedemos?

En muchos casos, los padres consideran el hecho de ceder como bajar la guardia ante sus hijos. Creen que si ceden ante ellos es porque están socavando su autoridad. Piensan que no les va a respetar si ceden.

Imaginaos que el niño es un trabajador y el padre el empresario. E imaginaos que vosotros sois el trabajador. Lleváis trabajando dos semanas una hora más al día porque os lo ha pedido vuestro jefe. Había un pedido urgente de entregar y os necesita. Vosotros reacios al principio, finalmente cedéis. El pedido es entregado y todo vuelve a la normalidad. Hoy necesitáis salir una hora antes. Pero el jefe os dice que no. Le suplicáis, le contáis vuestra necesidad y sigue diciendo que no. Porque si dice que sí, le estaríais faltando al respeto, estaríais socavando su autoridad.

No sé lo que pensaréis vosotros, pero a mí estas conductas me parecen cercanas a la esclavitud. Eso pasa continuamente con los más pequeños, con nuestros propios hijos. Lo peor es que ni nos damos cuenta. Porque es lo que “siempre se ha hecho”. Tendríamos que pensar que las relaciones se forjan a base de ceder. Si no cediéramos ante otros, sería muy difícil tener relaciones sean familiares, como de amistad, de amor, etc.

Nosotros sí cedemos

En nuestro caso, si quiere otra camiseta directamente se la pone, no le decimos que no porque creemos que tiene capacidad de elegir lo que le gusta y derecho a hacerlo. Y nos parece una tontería imponer a alguien, sea mi hijo o no, la ropa que ha de ponerse.

Dejando paso al sí e intentando no usar tanto el no, se puede mejorar mucho la relación con nuestros hijos.

Al igual que cedemos desde el principio en esto, también en muchas más cosas. Evitamos el no siempre que podemos con casi todo. Si quiere tocar la comida de los gatos que la toque, si quiere probarla que la pruebe. De hecho, la tocó y la probó un par de veces y nunca más. Así con todo lo que no es peligroso. Creemos que tratando así estos temas, evitamos muchas rabietas. Al menos, como ya comentaba en mi primera entrada sobre mis rabietas, Junior no tiene casi rabietas. Pero no podría afirmar que sea por el trato que le damos o por su carácter o por una mezcla de ambas cosas.

Resumen

Resumiendo, debemos ser capaces de valorar cuando se puede ceder, cuando se debe ceder y cuando no se ha de ceder. Intentando que el sí se equilibre con el no, o incluso que lo supere. La empatía nos puede ayudar mucho a ver cuando podemos ceder. Y sobre todo mucha paciencia, nunca perder la calma. Hay que trabajar estas dos armas, paciencia y empatía, tenerlas siempre a punto como el samurái su katana y su wakizashi.

Y ahora cedo paso a la siguiente entrada.

 

 

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