Es domingo, son las ocho de la mañana, tengo aún un catarro que empezó hace dos días, aunque el sábado fue el peor. Me estoy tomando mi primer café y dispuesto a ponerme a cocinar un par de platos, uno para la comida de hoy y otro para tener de reserva para la cena o para la comida de mañana. He decidido hacer cus cus de pollo para comer hoy (receta que podéis encontrar en este mismo blog) ya que tiene mucho éxito en casa, sobre todo con el peque; y unas pechugas con salsa de verdura, una nueva receta que solo he hecho una vez antes y a la que aún no le hemos sacado todo el partido que debe tener. Quizás mañana…

Son las diez y acabo de terminar las dos recetas y estoy fregando sartenes, tablas y demás utensilios usados cuando se abre la puerta de la cocina. Entra Cornelius Jr. con un sobre en la mano que pone “PAPÁ” con una caligrafía que aún se ha de pulir (lo ha escrito él con ayuda de mi mujer) y diciendo a grito pelado: ¡Abrir! ¡Abrir!. Dejo lo que tengo, me seco las manos y voy a cogerlo. Él abre el sobre, le encanta abrir sobres, paquetes, cualquier cosa que se pueda abrir, como a cualquier niño, supongo. Después nos vamos al despacho y leemos la nota donde dice lo mucho que me quiere. La nota está escrita por mi mujer, pero dice cosas muy personales que vivimos el peque y yo porque nos conoce muy bien. Desde la mano de mi mujer, el peque me agradece por hacerle reír como un loco, por cuidar de él, por jugar al “pillou” (una mezcla del escondite y el juego de pillar de toda la vida), por cuidar de él y de mamá. En fin, por todas las cosas que a mí me encanta hacer con él. Y que si él agradece que las haga, yo más le agradezco que me pida que las haga.

A las diez y media desayunamos, yogurt, coco rallado, platano, arándanos, etc. Y luego jugamos a un juego nuevo que habíamos inventado el día anterior y que él ha acabado llamando “viento”. Y con el juego, le enseño casi sin querer los conceptos de rápido y lento. Se trata de mover la trona en círculos y dejando algo en la mesa (hoy era un plátano) que él intenta coger. Claro que a veces me acerco lo suficiente y me paro el tiempo suficiente para que lo pueda coger. Nos reímos un buen rato con el juego. Luego se pone de pie en la trona y sin bajarlo (aunque sujetándolo para que no se caíga) cantamos y bailamos juntos “Blue Suede Shoes” de Carl Perkins, mientras mi mujer nos graba haciendo el tonto.

Ayer falleció Chuck Berry y al peque le gustan varias de sus canciones. Así que mientras mi mujer se va duchando y arreglando tocamos varias de Chuck Berry como homenaje a su falta. Mientras yo canto, Cornelius Jr toca esta guitarra que le compramos en

 

Es un cojín, pero en su boca no suena nada mal. Para sus 21 meses tiene un estupendo oído musical. Así que le hacemos un homenaje al padre del rock’n’roll, el día del padre. Chuck nunca serás olvidado.

También jugamos al juego que llamamos “diguidiguidigui”. Yo sentado en el suelo, le abrazo y el intenta irse y cuando da dos pasos lo traigo de nuevo hacia mí, mientras digo “diguidiguidigui”. Hoy, he añadido también la frase “que te como culete” mientras le hago cosquillas en el culete. Y se parte.

Después nos terminamos de arreglar y subimos a la terraza a ver un poco de una mascletá porque estamos en fallas. A Junior aún no terminan de hacerle gracia aunque tirar bombetas le encanta. Nos bajamos a la calle y nos vamos a jugar a la pelota al río y a tirar bombetas.

Cuando se acerca la hora de comer le decimos si quiere ir a casa que hay cus cus y como le encanta y ya tiene hambre, empieza a hacer gestos de comer y a repetir “cus cus”. Volvemos a casa, caliento la comida y se la come a dos manos. Cuando terminamos yo ya no puedo con mi gripe y me echo un rato en la cama mientras su madre juega con él. Pero viene un rato a la cama y volvemos a jugar y luego se vuelve a ir y por fin cae rendido.

Ahora está en su siesta y recuerdo que esta mañana mi mujer me ha dicho: siento que el regalo que te he comprado no ha llegado a tiempo, llegará mañana. La verdad es que vamos tan liados que nunca llegan a tiempo los regalos, ni nada. Siempre vamos con un día de retraso mínimo en todo.

Pero el mejor regalo ya me lo he llevado. Mi peque riendo conmigo, jugando a todas esas cosas, tirándose encima de mí en la cama, diciendo “cus cus papá mmm” (traducción: papá ha hecho el cus cus y me encanta), y en resumen su presencia… No necesito más regalos, pero… A ver que viene mañana, el día después del día del padre, jjejejej.

Prometo contarlo en otra entrada.

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