Me acuerdo de Jack Nicholson en la película “Mejor, imposible…” en ese personaje con un trastorno obsesivo-compulsivo y lo que le dice al personaje de Helen Hunt cuando ella le pide que le diga algo bonito. Después de explicarle algunas cosas acaba diciéndole que ella hace que quiera ser mejor persona. Sin duda es lo que siento yo con mi hijo.

Desde que supimos que venía al mundo, empezamos a informarnos tal como contaba en la primera entrada de este blog. Y en esa información hemos visto algunas cosas que antes no pensábamos que estaban mal y nos hemos ido dando cuenta de que sí estaban mal y las hemos corregido. Pero sobre todo eres tú, Junior quién con tus sonrisas, con tu alegría, tus besos y tus abrazos, día a día nos creas la necesidad de mejorar como persona. Nos enseñas a ser mejores personas.

Y sobre todo, porque creo y veo en Junior que los niños aprenden por imitación. Y alguna conducta “incorrecta” que he tenido yo, la he visto reflejada en él. Lo que más he trabajado desde que nació y sigo trabajando actualmente es el control de la ira. Aunque suelo ser una persona afable, tengo determinados momentos cuando me hacían algo en los que perdía los papeles.

Yo siempre he sido una persona que se ha empeñado en trabajar rasgos de su personalidad que no le gustaban. Así de adolescente era muy tímido, en el pueblo donde veraneaba incluso algunas chicas me apodaron “el sonrisas” porque no me atrevía a hablar con ellas, solo les sonreía. Algo así como Raj de la serie Big Band Theory. Pero en mi caso, ni con alcohol se me pasaba, al contrario, se agudizaba más. No me gustaba esa parte de mi carácter y me dije que la tenía que trabajar y así lo hice. Aún eso, sigo incurriendo en esa timidez en ocasiones, sobre todo cuando no estoy teniendo pleno control de mi mente. A veces incluso, he empezado una conversación con alguien que está imponiéndose porque estoy teniendo una de esas “recaídas” y me doy cuenta, cambio la actitud ante la conversación a una plena consciencia y veo como mi interlocutor también cambia e incluso noto que se impone el respeto… Mutuo.

Pero la ira realmente es algo que nunca había trabajado. ¿Por qué? Pues porque salía a la luz en contadas ocasiones y la verdad pensaba que era correcto que saliera. Pero desde Junior y con la ayuda también de mi mujer, he aprendido a reconocer esos momentos e intentar evitarlos. Cuesta, cuesta mucho, porque han estado siempre ahí. Pero poco a poco me los quito. Al menos suelen ser en contadas ocasiones y nunca con Junior. Aunque sí alguna vez con mi mujer. Pero ahora que soy consciente de esas cosas, me arrepiento mucho más, cada vez que pasa y gracias a eso, cada vez me suceden menos. Y la verdad, es que se vive mejor sin esa ira. Los problemas se minimizan. Os lo recomiendo. Eliminad la violencia de vuestra vida.

Otro ejemplo son las palabras mal sonantes. Yo no digo muchas, pero hay una que tengo o tenía arraigada porque se ha dicho siempre en mi familia. Es la palabra “Joder” que sé que es una palabra malsonante recogida en nuestro amado diccionario. Como desgraciadamente yo la digo para casi todo, no me debe extrañar que Junior la empezara a decir. Y por lo tanto, tuvimos que adoptar una estrategia para que dejara de hacerlo. Fue sencillo, le dimos una misión, le dijimos que era una palabra fea y que es mejor no decirla. Que los papás la dicen pero deben dejar de decirla. Así que le pedimos a Junior que nos dijera que era una palabra fea cada vez que la dijeramos. Y eso llevó a esta conversación un día que estábamos cenando salchichas:

  • Junior: Papá, esa palabra no se dice, es una palabra muy fea.
  • Papá: Tienes razón Junior, gracias por recordármelo.
  • Junior: Es una palabra fea, es una palabra guarra.
  • Papá (piensa): Tampoco me termina de gustar que diga la palabra guarra y ni siquiera sé de dónde la ha sacado…
  • Papá: ¡Andà! ¡Guarra! Como unas salchichas que hacen en el pueblo de la yaya. (Que no me lo invento, existe un embutido que se llama guarra aunque es más parecido a un chorizo )
  • Junior: Dame más guarra papá.
  • Papá: Bueno, mejor le llamamos salchicha.
  • Junior: No, guarra, guarra, guarra.
  • Papá: Ok, guarra.
  • Junior un rato después: Papá, ¿me das más salchicha?

No le he vuelto a oír decir la palabra guarra. Y yo ahora casi no digo “Joder”, me sale “Jopetas”. Parezco Ned Flanders, el vecino de los Simpsons. Y no hay mejor persona que ese tipo, ¿no? Pues eso, que Junior me hace querer ser mejor persona.

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