A Junior le encanta jugar. Claro, es un bebé de 22 meses, no le va a gustar viajar, ir al cine y leer. Tres de las cosas que estadísticamente más gustan según las típicas encuestas. Le gustan los tradicionales juegos de siempre, tipo pelota (poleta según Junior), ¡a correr!, las construcciones recreativas del parque, el triciclo, juguetes varios, montessori, del chino, etc. También están las labores caseras como hacer la colada, la cama, sacar las cosas de la compra y guardarlas. Y también los juegos con un cierto grado educativo como los que tienen números y letras, o simplemente cuando leemos con él algún libro. Y por supuesto, la música… Bailar, hacer juego simbólico con cualquier cosa como micrófono y cantar, o tocar la guitarra, batería, etc. A veces va solo por el pasillo tarareando una canción, pero del tema de la música hablaré en otra entrada.

Pues además de todos estos juegos están los que nos hemos ido inventando y que se han ganado un puesto de honor entre los juegos familiares. A simple vista, no son juegos importantes, pero para nosotros son especiales.

¿Quién te quiere a tiiiiii?

Este juego lo trajo mi mujer de su tierra. No sabemos muy bien si es solo de su familia o es algo común. Se pone en cuclillas y le dice «¿quién te quiere a tiiiii?» y el viene corriendo terminando en un abrazo con ella. Tenemos distintas variantes, por ejemplo mi mujer se pone en un lado del pasillo y yo me pongo en el otro y corre a uno y a otro mientras le decimos la frase. Yo añadí un movimiento como si bailara una jota o hiciera los aspavientos del cansino de José Mota. Lo hago cuando le digo la frase y él repite el gesto mientras corre hacia mí y partiéndose. También se parte cuando en lugar de mirarle a él diciendo la frase me pongo de espaldas a él o de perfil. Da igual donde lo hagas, ayer en un restaurante, quería que viniera a mí, me puse en cuclillas y le dije «¿quién te quiere a tiiiii?» y vino corriendo a darme un abrazo. Cuando él quiere que juguemos, se pone en cuclillas y dice «a tiiiiii».

Pillou

Este es el primer juego que inventamos mi peque y yo, aunque antes ya había otros juegos que hacía con su madre. Es una mezcla entre pillar y el escondite. Yo me escondo en alguna parte de casa y le digo «pillou, pillou» hasta que me encuentra. Cuando lo hace se parte y sale corriendo y yo voy detrás de él diciendo «que te pillou» o «que te pillou culete» y corre riendo sin parar. A veces lo hacemos en el césped del río y con los árboles. Y cuando le digo «que te pillou culete» corre con las manos atrás tapándose el culete. Eso me asusta un poco porque si se cayera no tendría los brazos delante para sujetarse. Ahora, si le digo «pillou», él lo repite y ya se prepara para jugar… Si le apetece, claro, que no siempre está con ganas de este juego. Antes de este juego, ya jugaba con su madre -y luego conmigo- a esconderse y que lo buscáramos.

Mantaaaa

El juego mantaaaa entra dentro de la categoría de labores caseras, pero merece una mención especial porque es de los que más le gusta a Junior. En su esencia es solo hacer la cama. Pero para entenderlo, he de explicar primero que hacemos colecho y tenemos una cama de 180×200 y le quitamos las patas dejando el colchón a ras del suelo con la intención de que el peque pueda subir y bajar cuando quiera. Y desde entonces, cuando hago la cama siempre se viene conmigo a hacerla. Incluso últimamente me lo pide él diciendo «mantaaaa».

Diguidiguidigui

El nombre de este juego no tiene ninguna relación directa con el juego pero voy a explicarlo igualmente. Vendría del término del slang inglés «dig». Que viene a significar «mola». Pues con este origen, hay una canción del grupo brasileño Planet Hemp que dice «Eu canto dig dig dig…» Pero los brasileños, cuando usan vocablos ingleses terminados en consonante, tienden a ponerle una «i» al final, así «chopp» es «choppi»,»dig» es «digui» e incluso «xbox» es «equiboqui» (no sé si todos los brasileños pronunciarán «equiboqui» pero os aseguro que yo lo he oído así). El caso es que el día que empecé a hacerlo, me salio eso, «diguidiguidigui» y así se ha quedado. Y después de aclarado su origen etimológico veréis que es mucho más complejo que el juego en sí. Estando yo sentado en el suelo, el peque de espaldas a mí, intenta irse, pero yo lo atrapo con un brazo y diciendo diguidiguidigui lo traigo andando de espaldas a mí. Es una cosa bastante simple, pero él se parte. De hecho, cuando le pregunto ¿jugamos al diguidiguidigui? Ya se pone de espaldas a mí, para que lo coja.

Y creo que podría seguir con un montón de minijuegos y hacer esta lista interminable. Pero prefiero irme a jugar con el peque y además se me va a quemar la comida. Ya nos vemos en otra entrada. ¡Hasta pronto!

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