Con esta entrada sobre la paciencia comienzo una serie de entradas sobre las rabietas. Estas publicaciones estarán basadas en el punto de vista de mi mujer (Sweet Bizarre) y el mío. Aunque sobre todo en el de ella que me ha abierto los ojos en muchas cosas. Y este punto de vista se nutre de nuestros sentimientos junto con lo que hemos leído de varios autores sobre el tema y de nuestra experiencia con Junior, nuestro hijo.

Junior no tiene grandes rabietas del estilo que veo o leo por ahí. Tiene rabietas pero las solemos gestionar con bastante éxito. A veces más y a veces menos. Puede que sea simplemente porque Junior es más tranquilo que otros niños o puede que influya nuestra forma de gestionarlo. O puede que sea una mezcla de ambas cosas. En cualquier caso, me alegraría saber que mis entradas sirven de algo a otras madres y padres.

La paciencia para las rabietas

Lo primero que considero que se ha de tener en cuenta a la hora de tratar las rabietas es que tienen limitación de tiempo a corto y largo plazo. Quiero decir que una rabieta dura un tiempo y luego se pasa. Podemos intentar que ese tiempo sea el menor posible, dejar que pase o hacerlo mayor.

“Una rabieta dura un tiempo y luego se pasa”

Y por otro lado el tiempo de las rabietas pasa, llegará un momento en que ya no tendrá rabietas. Porque es un proceso de maduración en el que el niño empieza a tener una serie de frustraciones y no sabe como manejarlas. Pero algún día aprenderá a hacerlo. Tener esto claro es importante porque nos puede ayudar a armarnos de paciencia. Y la base de todo lo que voy a contar en estas entradas es la paciencia. Eso que los adultos de esta sociedad urgente hemos dejado de tener. Siempre vamos atropellados sin pararnos a mirar la belleza de los momentos, no hemos vuelto a maravillarnos con un palo que encontremos en un parque desde hace muchos años. Hemos perdido esa capacidad de relajarnos y esperar simplemente que el tiempo pase.

“Algún día tu hijo aprenderá a controlar las rabietas”

Apreciar lo que tenemos

Diciendo esto me viene a la mente un monólogo de Louis CK que ilustra bastante bien lo que quiero decir. Para quien no lo conozca es un humorista estadounidense de origen húngaro que tiene un humor negro, ácido, llevado al límite. A muchos les puede resultar incluso ofensivo, particularmente a mí me resultan ofensivos algunos de sus monólogos. Sin embargo, cada monólogo deja una clara crítica de esta sociedad viciada.

En el monólogo que trae a Louis CK a esta entrada dice que la mayoría de la gente se pasa el tiempo enfadada por pequeñeces. El ejemplo que pone es que una persona va a coger un avión. Anuncian que va a haber un retraso de cuarenta minutos y se irrita. Se irrita porque va a tardar cuarenta minutos más en disfrutar del milagro de volar. Va a ir en una silla por el cielo. En seis horas va a recorrer una distancia que solía durar treinta años. Y te irritas porque vas a perder cuarenta minutos más mientras tomas tu caffe latte en el Starbucks del aeropuerto.

Nunca hemos estado mejor que ahora

Seguro que a más de uno le ha pasado, sufrir un retraso en un vuelo y os ha molestado mucho. Pero también estoy seguro de que ahora estáis de acuerdo con el monólogo que comento. Vivimos en una época en la que tenemos de todo a nuestra mano. Podemos comprar en mercados alimentos que nuestros abuelos no sabían ni que existían. Y los podemos comprar a través de Internet y nos lo traen a casa. Si decías algo así hace unos siglos te quemaban en la hoguera.

Tenemos más comodidades y libertad de las que se han tenido nunca. Y aún eso somos más impacientes que nunca y ocupamos nuestra vida con cosas que no nos aportan nada. Y lo peor es que muchos de nosotros no somos capaces de parar cinco minutos a escuchar a nuestro hijo. Preferimos ir por la vía rápida. Usando tablets (o similar), castigando o incluso usando la violencia. Y con violencia me refiero a gritar, collejas, zapatillazo, bofetada, etc. La violencia aceptada por nuestra sociedad. De la violencia que excede a esta ni hablo.

La mejor herramienta es la paciencia

Sweet y yo tenemos claro que la mejor herramienta para tratar las rabietas es la paciencia. No solo porque creemos que es más sano para nuestro hijo. También pensamos que es más sano para nosotros. Debe ser muy estresante enfadarse por cada rabieta de tu hijo y encima al enfadarte tú, se enfada él más y después tú más. Y creo que es bastante peor si usas esa violencia y tienes conciencia. Una persona que conozco me dijo que la primera y última vez que le pegó una única bofetada a su hijo se pasó varios días fatal. Después de pasar muchos años aún se siente triste cuando lo recuerda.

Pienso que solo manteniendo la calma durante una rabieta de tu hijo ya ganas mucho con respecto a las opciones de la vía rápida que comentaba antes. Aunque no hicieras nada más que mantenerte calmo. Pero si además de eso gestionas esa rabieta con amor, al final la rabieta pasa. Quizás tarde más en pasar que con un buen zapatillazo “inofensivo” pero creo que es más satisfactorio cuando no te dejas llevar por el lado oscuro.

A modo de resumen de esta entrada, voy a utilizar una frase que dijo otra persona en un debate sobre estos temas:

“El premio viene cuando los adultos hemos pasado la rabieta sin gritar y sin malas formas”

Armaos de paciencia que pronto viene otra entrada.

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