Hace tiempo que no escribo en el blog. Razones muchas, excusas más. El caso es que el tiempo libre en el tipo de crianza que hemos adoptado Sweet y yo es limitado. Y cuando sucede algún hecho inesperado desaparece. En septiembre, Junior cogió una infección. Nada grave, una toma de paracetamol en un momento en que la fiebre llegaba a 39º. Luego bajó y poco más. Al menos no tuvimos que pasar el trauma de la visita al pediatra.. Parece sencillo, pero la atención que necesitó esa infección junto con algunos hechos posteriores provocó que no volviera a tener casi tiempo libre hasta las vacaciones navideñas.

Visita al pediatra

Si una infección me ha apartado del blog, otra me acerca de nuevo. Esta vez con una complicación en forma de bronquitis aguda y visita de urgencia al hospital. El miércoles pasado Junior empezó a tener tos y un poco de fiebre. El jueves subió la fiebre por encima de 39º y empezamos a darle paracetamol. El viernes por la tarde apareció el síntoma más preocupante. Una respiración profunda y acelerada.

Fuimos al centro de salud que nos corresponde. Antes de ir, le explicamos a Junior lo que probablemente le haría la pediatra. Y en cada paso que iba a dar la pediatra, le explicábamos que iba a hacer. Junior lo entendía y no ponía ninguna pega a lo que le hiciera la doctora. Le hizo varias pruebas y detectó que tenía una bronquitis aguda. Nos dijo que muy probablemente tendríamos que ir a urgencias del hospital para que le hicieran una radiografía. Concluyó en ponerle una cámara de inhalación con un inhalador de salbutamol (ventolín) y darle varias veces. Mejoró la respiración al poco tiempo. Junior aguantó todo sin rechistar con nuestras explicaciones y todos más tranquilos. Nos fuimos con receta de cámara de inhalación, inhalador, paracetamol, ibuprofeno y un antibiótico.

Explicándole antes y durante la visita lo que le van a hacer, minimizas el trauma.

El hospital

La tranquilidad duro poco, al rato de estar en casa volvió a tener otra crisis asmática y nos fuimos corriendo a urgencias del hospital. Allí le revisaron de nuevo, le pusieron una máscara para inhalar un medicamento (olvidé apuntar el nombre) durante unos veinte minutos, una radiografía y finalmente revisión de todas las pruebas por la doctora. Nos confirmó el mismo tratamiento que la doctora del centro de salud y nos informó que si veíamos que volvía a tener otra crisis asmática como la de antes que lo volviéramos a llevar al hospital. Todo en unas tres horas. Igual que con la pediatra del centro de salud, a cada paso le íbamos explicando lo que le iban a hacer y él lo aceptaba.

Pero al finalizar la consulta, la pediatra de urgencias nos preguntó si sabíamos darle el inhalador con la cámara. Le expliqué lo que me había dicho la pediatra del centro de salud y no le pareció correcto. Se ausentó de la consulta para ir a buscar el inhalador para explicarnos como hacerlo. Yo entendí que solo nos lo iba a explicar, pero de repente llegó y le enchufó la cámara en la boca sin decir nada a nadie. Esto hizo que Junior se agobiara, se pusiera nervioso, se resistiera y empezara a llorar. La doctora en lugar de ceder ante esa reacción, lo intentó forzar más y Junior se ponía más nervioso. Diciendo frases como “si no pasa nada”, “esto no es nada”, “venga, con lo mayor que tú eres”. Al final me agobié y le dije a la doctora que esperase un momento. La respuesta de la pediatra fue decir: “bueno, ya se lo ponéis luego en casa más tranquilos”.

No hay que aceptar que les digan que no pasa nada. Si al peque le agobia, sí pasa algo.

Urgencias

Junior estaba ya muy cansado, era muy tarde. Es comprensible que estuviera irritado. Pero estoy convencido de que si nos hubiera avisado la doctora y se lo hubiéramos explicado previamente nosotros, él habría estado más receptivo. Después de ese episodio, le explicamos a Junior que lo que había hecho la doctora no estaba bien. Y que él había reaccionado de una manera apropiada. Tampoco quiero decir que la pediatra fue poco profesional. Entiendo que en urgencias van a tope y tienen que ser un poco más expeditivos. Pero simplemente si nos hubiera avisado antes, es más probable que lo hubiéramos podido hacer. O incluso, no hacérselo, porque con una breve explicación lo habríamos visto. Al final, nos quedamos sin explicación y el peque con un disgusto…

Pero estoy convencido de que si nos hubiera avisado la doctora y se lo hubiéramos explicado previamente nosotros, él habría estado más receptivo.

Poner el inhalador

Ese episodio provocó que Junior no quisiera volver a oír hablar del inhalador. Nosotros teníamos que dárselo cada cuatro horas pero lógicamente no nos dejaba. Lloraba y se resistía y lo dejamos sin poner… Durante las siguientes dos horas, le seguimos explicando que era necesario para su salud y aún eso no quería. Es en estos momentos donde la crianza respetuosa choca con la salud. No quieres hacer algo que le turba tanto a él, pero es necesario hacerlo. Aunque no me gusta hacer estas cosas, pero tuve que imponerme.

No le di otra alternativa, era inhalador o inhalador. Nunca levanté la voz, todo en tono suave pero firme. Le dije a Sweet: “centrémonos en esto, hay que darle el inhalador”. Y a Junior le dije: “No hay nada más que el inhalador. No hay juegos, no hay comida, nada. Primero el inhalador y luego lo que quieras. Si no te pongo el inhalador, nos vamos a quedar aquí sin hacer nada, y si te lo pongo, podemos hacer luego lo que tú quieras.”. Insisto en que mi tono siempre fue conciliador pero firme.

En cuestión de segundos ya quería que le pusiera el inhalador. Se lo expliqué bien, se lo puse sin resistencia e inmediatamente se durmió. La siguiente toma, tuve que explicarle de nuevo pero también tuve que volver a imponerme al estilo de la primera vez. La siguiente solo se lo expliqué y lo aceptó sin poner pegas. La siguiente quería abrir el inhalador. Varias después montaba él el inhalador y la cámara. Y en las últimas, lo monta él, yo pulso el inhalador (el aún no tiene suficiente fuerza para pulsarlo) y él sostiene la cámara y hace el procedimiento solo.

Superdotado

El miércoles siguiente volvemos a la consulta de la pediatra. Lo ponemos en la camilla. La doctora le dice: “Respira fuerte” y el respira fuerte mientras ella lo ausculta. Está tranquilo. Sabe todo lo que le va a hacer porque ya se lo hemos explicado. Y la doctora nos dice que es la primera vez que ve un niño de dos años y medio actuar tan tranquilamente y responder tan bien a sus peticiones. Lo califica de “superdotado”. Puede que sea un superdotado o puede que solo sea un niño que tiene información y libertad para decidir. Entiende que lo que hace un médico es por su bien y creo que esto es en parte gracias a un trabajo que hemos hecho Sweet y yo.

Como ayudar a un peque a sobrellevar las visitas al pediatra

Al principio, Junior no soportaba ir al médico. Le daba miedo entrar al centro de salud. Nada más entrar se ponía a llorar. Nuestra primera labor en este caso fue intentar evitar crear un trauma. Simplemente nos salíamos uno de los dos fuera del centro con Junior y el otro esperaba el turno. Aún eso era complicado. Al entrar no aguantaba que le hicieran nada, lloraba sin cesar. A veces le dábamos un juguete o algo y se entretenía, pero solo un momento, luego volvía a llorar. Con las vacunas más aún, lógicamente, aunque con la tetanestesia se pasaba más rápido.

Lo importante en estos casos (como en casi todo lo referente a crianza) es tener empatía con el peque. Entender por qué le agobia el médico. No hay que negar sus sentimientos diciéndole que no es nada, que no hay por qué ponerse así, etc. O sea, lo que le decía la pediatra de urgencias. Es mejor, decirle que es normal que se agobie porque son desconocidos y no sabe lo que van a hacerle. Y seguidamente explicarles la razón por la que lo hacen, para volver a insistir en que a pesar de que lo hacen por su bien, sigue siendo normal que reaccione así.

Lo importante en estos casos es tener empatía con el peque. Entender por qué le agobia el médico.

Jugando a los médicos

Esas explicaciones fueron dando su fruto poco a poco pero aún lo pasaba mal en el médico. El verano pasado empecé a hacer un juego de médicos con él. Me hacía pasar por su pediatra aunque con acento chino porque le hacía gracia al peque. Y él venía al médico a que le curara y a ponerle “ungüento de tinaja” (esto es de otro juego que explicaré en otra entrada o a lo mejor ya lo he explicado). La cuestión es que con este juego conseguimos que tuviera menos agobio a la hora de ir al centro médico.

Resumen

Al final, con el juego de los médicos, más las explicaciones que le damos y que sabe ya lo que es una enfermedad y que los médicos le van a curar, cada vez lo lleva mejor. Y aunque cuando vamos al médico, le noto un poco agobiado, pero ahora ya no llora, ni se agobia como antes y deja que el médico le haga las pruebas. Eso sí, siempre con nosotros delante. Y nunca va a ser de otra manera.

Paciencia y empatía. Explicar las razones por las que se va al médico. Entender que su reacción es normal. Entender que no siempre van a entender a la primera que lo que hacen los médicos es bueno para ellos. Y también jugar con él a médicos. Con estas pautas hemos conseguido que Junior deje de tener pánico a las visitas a los centros de salud.

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