Egocentrismo

Muchas madres y muchos padres preguntan qué deben hacer para que sus hijos e hijas de entre dos y tres años obedezcan. Esto normalmente es que se queden quietos y callados y te sigan a todas partes. Pero ninguna persona, ni niño ni adulto debería actuar así. Yo no soportaría ir así con nadie y tengo un bagaje que me ha dado la vida, por el que sé o debería saber como manejar esas frustraciones. Imaginaos a un niño de dos, tres, cuatro años que además está en la etapa de reconocer su identidad y saber que tiene capacidad de elegir. Es una etapa natural egocéntrica que tienen los niños y que es necesaria que la pasen. No es el egocentrismo que conocemos los adultos. Es una etapa que puede durar hasta los seis años en la que el niño aún es incapaz de tener empatía hacia los demás. Es parte del desarrollo del niño, no es nada malo, es normal.

Participar

Los niños obedecen de manera natural a sus padres. Pero para ello, es conveniente no darles muchas órdenes y jugar más con ellos y hacerles partícipes de la vida. Tratarlos de tú a tú no con la superioridad habitual de un adulto. Sin embargo, lo que hacemos es estar todo el día con “no toques eso”, “no corras”, “no interrumpas”, “no hables”, “no juegues”… Nadie es capaz de soportar eso, ni un adulto ni un niño.

Los niños obedecen de manera natural a sus padres. Solo tenemos que reducir las órdenes, jugar más con ellos y hacerles partícipes de nuestras tareas.

Cornelius de tres años, participa en la compra, en la cocina, en la colada, en el cambio de sábanas, en la limpieza general de la casa, me ayuda a montar muebles, a bajar la basura, etc. Y le encanta… ¿Por qué? Porque no es nunca una orden, es una petición con educación o un juego. Porque luego le mostramos agradecimiento y le decimos todo lo que está aprendiendo y lo orgullosos que estamos de él.

Órdenes vs peticiones

Diferencias entre hacerle participe, jugar o pedir con educación y órdenes y amenazas:

Cariño, ¿me ayudas a recoger la habitación, por favor? vs Recoge tu habitación
¿Te apetece cocinar? vs No toques eso que es comida y con la comida no se juega
Por favor, ¿puedes coger eso del suelo? vs No tires cosas al suelo
Tengo una misión para ti, ¿la aceptas? – Sí – Tienes que ir al baño y lavarte las manos para comer vs O te lavas las manos o no comes.

El supermercado

Voy a tomar como ejemplo el supermercado. Porque es algo bastante completo y donde otras madres y otros padres se la pasan ordenando y gritando a sus hijas e hijos. “No toques”, “no corras”,…Y donde veo que se representan muchas rabietas.

Cuando voy al supermercado con mi hijo, de camino al super siempre vamos haciendo un juego personal que llamamos “pies para que os quiero”. Viene de un chiste pero eso lo dejo para otra entrada de juegos. El caso es que vamos corriendo y riéndonos los dos.

Sobre gustos…

Al llegar al super hay parada obligatoria en la entrada. Primero paramos en ese magnífico tablón sensorial que hay en la entrada y que obnubila a cualquier niño o niña. Las consignas para los carros de la compra. Y me pregunta por todas las indicaciones que hay en la puerta. “Prohibido fumar”, “prohibido entrar con mascotas”, etc. Yo le cuento todas las señales o le pregunto por algunas. Le encantan las señales. A cada niña o niño le gustará una cosa. Cada padre y madre debe saber esto.

consigna carros

Consigna carros

 

Luego vamos por los pasillos andando pero de vez en cuando corremos juntos un poco. Y le hago partícipe de la compra. Las cosas que están a su alcance, se las pido a él y lo hace encantado porque les encanta participar, sentirse útiles. Las que no alcanza a coger, lo subo para que alcance.

Si vamos a la charcutería/carnicería/pescadería y tenemos que esperar nuestro turno. Nos ponemos a hablar de algo que le gusta o a jugar a algún juego o a bailar.

Señales de prohibición

Señales de prohibición

Rabietas

La única rabieta que es posible en nuestro caso. A veces me pide algo de chocolate y a veces se lo compro pero otras le explico que no es hora de comer chocolate. Empieza el berrinche, a repetir que quiere chocolate sin parar. Me pongo a su altura y con voz tranquila pero firme le recuerdo las razones por las que en ese momento no puede comer chocolate. Son razones pactadas con él hace tiempo cada cual tendrá las suyas. Y le recuerdo que están pactadas y normalmente suele ser suficiente. Otras no y entonces le sugiero una alternativa en forma de fruta. Y la acepta o le calma porque en realidad no tenía hambre. Solo quería chocolate.

Caja

Y por último él pone las cosas en la cinta de la caja y paga. Si pago con tarjeta, él la pasa y pone el número secreto.

Todo esto entre risas y disfrutando los dos. Y nada es una orden. Todo pedido por favor, con educación y con el respeto que se merecen nuestros hijos y nuestras hijas.

Rapidez

¿Sería más rápido si hiciera la compra yo solo? Sin duda. Pero si tengo que hacerla con él, creo que es más rápido así que cuando le estamos negando y entrán en una rabieta. Y también más sano.

Veo más de una vez en supermercado, padres discutiendo con sus hijos a gritos. Niños llorando, padres con las venas a punto de estallar. Eso no es sano y además se pierde más tiempo entre lloros y demás. Y luego amenazas e incluso algo de violencia física.

Yo no tengo dos hijos para sufrir.

Roma no se hizo en un día

Es normal que penséis que tiene tres años y que puede hablar, se puede razonar con él o incluso puede poner los números en el teclado de la tarjeta… En cambio un niño de dos años no tiene esas habilidades. Claro, eso es cierto. Pero para adquirir estas habilidades y llegar a hacer las cosas como las hace hoy, lo hemos tratado igual desde su nacimiento. Es una educación de una persona libre con capacidad de elegir y que elige lo que más nos puede hacer pasarlo bien. Si nos pasamos los tres primeros años dándole órdenes, gritándole, forzándole no esperes tener una persona encantada de participar en las labores de casa como si fuera un robot o un esclavo.

Cuando me ayuda tardo más

“Cuando me ayuda a alguna tarea pierdo mucho tiempo porque no me deja hacerlo a mi ritmo”. Pues sí, al principio es así. La primera tarea que empecé con él era hacer la cama, se lo pasaba bomba, iba corriendo por encima de la cama, se ponía las sábanas en la cabeza y jugaba, saltaba, en fin, que tardábamos el triple de tiempo. Pero eso poco a poco deja paso a otro estado y ahora tardamos más o menos lo mismo que si lo hago solo. Y en algunas tareas tardo menos y con su ayuda también me canso menos. Ya no me he de agachar en el supermercado. Guardamos la compra en la despensa entre los dos. Me pasa los platos limpios del lavavajillas, pone los sucios, la pastilla, el programa y lo pone en marcha. También pone la ropa en la lavadora, el detergente, elige el programa y lo pone en marcha. Al tendedero no llega, pero o me pasa la ropa o las pinzas.

Porque quieren sentirse útiles

Si le decimos que no puede tocar el lavavajillas porque es peligroso, la lavadora, no toques nada del supermercado, no, no, no… El mensaje que le estamos dando es que no es válido para hacer nada y además le estamos dando un montón de órdenes negativas. Y la verdad es que ellos pueden.

Sin embargo, si les hacemos partícipes se sienten útiles, integrados en la familia y nosotros podemos hacer las tareas y a veces más comodamente.

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